Quién soy y cómo entiendo el cuerpo

Después de años tratando personas he aprendido algo: el cuerpo no siempre responde como dicen los libros.

Mi manera de entender el cuerpo no nació de una teoría concreta. En buena medida nació de la frustración.

Cuando empecé a estudiar diferentes técnicas, muchas veces la explicación parecía sencilla: si haces esto, debería ocurrir esto otro. Después llegaba la realidad de la consulta y no siempre ocurría.

Dos personas podían llegar con molestias parecidas y responder de manera completamente diferente. Una técnica podía funcionar muy bien en una persona y no tanto en otra. Y eso me llevó a seguir estudiando y, sobre todo, a hacerme preguntas.

El cuerpo me obligó a cambiar de opinión

Con los años fui dejando de ver solamente músculos, articulaciones o una mala postura. Empecé a entender que delante de mí había una persona completa.

Cómo duerme. Cómo se mueve. Su trabajo. El ejercicio que hace. Sus hábitos. El estrés. Su estado de ánimo. Las experiencias que ha vivido. Incluso la manera en la que afronta determinadas situaciones.

Todo eso puede influir, de una manera u otra, en cómo utilizamos y sentimos nuestro cuerpo.

La Medicina Tradicional China amplió todavía más mi manera de verlo. Al principio no fue fácil. Tengo una mente bastante racional y algunas de sus ideas me resultaban demasiado etéreas. Con el tiempo fui incorporando aquello que encontraba útil a mi manera de trabajar, junto con la terapia manual y la osteopatía.

imagen de pie

No creo que haya que pelearse con el cuerpo

No me gusta ser invasivo ni generar dolor durante un tratamiento simplemente porque sí.

Prefiero intentar crear las condiciones para que el cuerpo se relaje y trabajar desde ahí.

Eso no significa que todo pueda solucionarse en una sesión. Una persona no puede cambiar de golpe su trabajo, sus preocupaciones, su forma de moverse, su alimentación, su descanso o sus hábitos.

Pero sí me gusta que note algo.

Si has venido porque te duele algo, quiero intentar que cuando salgas puedas decir: “me duele menos”, “me muevo mejor” o simplemente “me encuentro mejor”.

Por eso mi manera de trabajar suele combinar terapia manual, acupuntura y osteopatía, adaptándolo a cada persona. Hablo con el paciente lo necesario, puedo recomendar algún ejercicio sencillo y poco más.

No quiero convertir cuidarse en otro trabajo.

No quiero que dependas de mí

Nunca me ha gustado decirle a alguien que tiene que venir constantemente si considero que no lo necesita.

Prefiero que aprendas a utilizar la consulta cuando te venga bien: porque tienes una molestia, porque estás muy cargado, porque tu cuerpo lleva una temporada pidiendo descanso o simplemente porque has comprobado que cuidarlo periódicamente te sienta bien.

Para explicarlo muchas veces utilizo el ejemplo de un coche.

A nadie le sorprende que un coche necesite mantenimiento. Cambiamos el aceite, revisamos los neumáticos, los amortiguadores y determinadas piezas porque sabemos que los kilómetros pasan factura.

Sin embargo, con nuestro cuerpo podemos pasar años haciendo exactamente lo contrario: músculos débiles, poco descanso, malas posturas, estrés, sedentarismo o esfuerzos para los que no estamos preparados… y nos sorprende cuando empieza a protestar.

Y, como ocurre con un coche, normalmente no necesita el mismo mantenimiento uno nuevo que otro que lleva muchísimos kilómetros.

 

Nosotros también acumulamos kilómetros.

Nuestro cuerpo cuenta nuestra historia

Hay algo que los años de consulta me han enseñado: una persona no puede separarse completamente de lo que ha vivido.

El estrés, el miedo, la rabia o una época difícil pueden cambiar cómo dormimos, cómo respiramos, cuánto nos movemos o la tensión que mantenemos durante el día. Y todo eso puede acabar teniendo una expresión física.

Pero también sucede al contrario.

Cuando empiezas a encontrarte físicamente mejor, aunque sea un poco, es más fácil tener ganas de moverte, hacer ejercicio y seguir cuidándote.

Por eso para mí tratar el cuerpo no consiste solamente en perseguir el punto donde duele.

Consiste en intentar entender qué está ocurriendo y ayudar donde puedo hacerlo.

La salud no se tiene. Se mantiene.

Hay una imagen que siempre me ha hecho pensar.

Un niño aprende a ponerse de pie intentándolo cientos de veces. Busca dónde colocar el pie, cómo utilizar la rodilla, cómo equilibrar la cadera. Se cae y vuelve a probar.

Es un aprendizaje enorme.

Después pasamos décadas utilizando ese cuerpo sin prestarle prácticamente atención.

Trabajamos, corremos, conducimos, hacemos deporte, dormimos poco, atravesamos épocas buenas y malas y acumulamos kilómetros.

No podemos controlar todo lo que nos ocurre ni vivir perfectamente.

Pero sí podemos responsabilizarnos un poco de nuestro propio mantenimiento.

Movernos. Mantener cierta fuerza. Descansar. Comer razonablemente bien. Escuchar determinadas señales. Y, cuando lo necesitamos, buscar ayuda.

Yo intento aportar mi pequeña parte desde la consulta.

No creo que sea yo quien “arregla” a nadie. Mi trabajo consiste en intentar que tu cuerpo funcione un poco mejor y darte alguna herramienta para que tú puedas seguir utilizándolo.

Porque después de todos estos años hay una idea que resume bastante bien mi manera de trabajar:

La salud no se tiene. Se mantiene.