Lo digo medio en broma, pero solo medio: si haces kite, vives en una rehabilitación continua.
Cualquiera que lleve tiempo navegando sabe de qué hablo. Un día notas el hombro, otro la zona lumbar, la cadera o el codo. A veces hubo una caída clara; muchas otras no hay una lesión concreta, sino una suma de sesiones, tirones, recepciones y compensaciones que el cuerpo va guardando.
Eso no significa que el kitesurf sea un deporte peligroso que haya que practicar con miedo. Significa que es exigente y que el cuerpo se adapta constantemente a nuestra manera de navegar.
No te miro desde la orilla
Navego desde 2004. He practicado kite en agua, nieve y tierra, he sido monitor y durante años me he movido sobre todo entre el freestyle desenganchado técnico y el big air old school.
Sé lo que ocurre cuando llegas pasado a una recepción, cuando la cometa no está donde debería, cuando repites una maniobra hasta que sale o cuando sigues navegando porque hay viento aunque el cuerpo ya te esté pidiendo otra cosa.
Esa experiencia cambia mi manera de escuchar a un rider. No necesito que me expliques desde cero qué es un raley, un kiteloop o por qué una mala recepción puede dejarte tocado varios días. Entiendo la relación entre la cometa, la barra, la postura y el cuerpo.
Cuidamos más el material que el cuerpo
Revisamos las líneas, las válvulas, los tornillos de la tabla y el estado de la cometa. A la furgo le cambiamos el aceite y nos preocupamos cuando aparece un ruido raro.
Con el cuerpo solemos hacer lo contrario: seguimos hasta que el ruido se convierte en dolor.
Pero un cuerpo que navega también necesita mantenimiento. No para vivir pendiente de él, sino precisamente para poder olvidarte del cuerpo cuando estás en el agua.
El dolor cuenta una historia
Cuando llega un kiter a consulta no me interesa únicamente dónde le duele. Quiero saber:
- qué estaba intentando cuando apareció la molestia;
- si ocurrió en un salto, una recepción, navegando o fuera del agua;
- cómo llevaba la cometa y la barra;
- qué maniobra estaba repitiendo;
- si había cambiado de material, intensidad o modalidad;
- y qué lesiones o compensaciones arrastraba de antes.
Dos riders pueden señalar exactamente el mismo punto y haber llegado hasta allí por caminos completamente diferentes.
Mismo dolor, riders distintos
Un hombro puede estar sufriendo por una caída, por ir demasiado tenso de brazos o por la manera de controlar la potencia. Una rodilla puede protestar después de una mala recepción o por cientos de recepciones aceptables acumuladas. Una zona lumbar puede depender del arnés, del stance, de la fatiga o de una cadera que no está haciendo bien su parte.
Por eso no trabajo con un protocolo idéntico para todo el mundo. Intento relacionar lo que encuentro en la camilla con lo que haces sobre la tabla.
Mi forma de trabajar
Combino terapia manual, masaje, acupuntura y osteopatía según lo que necesites. Cuando hace falta, también analizo contigo la maniobra, la caída o la postura y te propongo algún ejercicio sencillo.
No quiero convertir la rehabilitación en un segundo trabajo. Busco el máximo resultado con el mínimo esfuerzo útil: que entiendas qué puede estar pasando, que recuperes movimiento y confianza, y que tengas herramientas claras para seguir cuidándote.
El objetivo es volver al agua sin estar pendiente del cuerpo
No se trata solo de que algo deje de doler en reposo. Se trata de que puedas volver a navegar, progresar y disfrutar sin frenar una maniobra por miedo, sin ir rígido y sin pensar continuamente en la zona que te molestaba.
Porque el kite debería volver a ser eso: viento, sensaciones, progreso y flow.
Si quieres que lo vea contigo
Cuéntame qué notas, cuándo aparece y cómo empezó. Trabajo de forma presencial en Palencia y también puedo hacer una primera valoración online cuando la distancia no permite vernos.